Doña Isabelita cumplió sus 90 años y desde el confinamiento recibió bizcocho, globos y el amor de su familia

Este 4 de mayo sorprendió a doña Isabel Castaños viuda Hernández de forma diferente, la celebración de sus 99 años no podía contar con todos sus hijos y nietos, con una fiesta en casa,  pero lo celebraron de otra manera.

Desfilaron en sus vehículos frente a la casa expresándole  buenos deseos para luego desmontarse y apostados en el frente cantarle cumpleaños feliz. Estuvieron cinco de sus seis hijos, seis de sus numerosos nietos, cinco bisnietos y una tataranieta.

La tecnología le permitió también recibir las felicitaciones de los que se encuentran en Santiago, Santo Domingo y Estados Unidos a través de la aplicación House Party.

Los años de vida y la perdida de la visión hace más de 30 años, no han mermado su lucidez, buen estado de ánimo, mucho menos su condición de persona noble y bondadosa. Su acendrada fe cristiana y su devoción por San José y desde hace muchos años miembro del Grupo de la Misericordia. El obispo de Puerto Plata, Julio César Corniel Amaro suele visitar su casa y compartir con ella y sus familiares.

Es de buen comer y le gusta de todo, desde el más tradicional arroz con habichuelas y carne, hasta el chicharon, la harina o cualquier otra comida tradicional y en ocasiones especiales algún vasito de cerveza. Aún prepara, cuando la ocasión es propicia, un arroz con leche que tiene fama, el cual ha disfrutado hasta el astro del baloncesto Al Horford, porque su padre le mencionaba esa señora que hacia un arroz con leche especial.

Su familia es conocida popularmente como “Los Bocinas”, por el apodo de su difunto esposo Rafael Emilio Hernández, Bocina, y amantes de las celebraciones, en contraste con el temperamento más tranquilo de doña Isabelita que los exhorta siempre a la paz, a no discutir y a llevarse bien como familia.

Para doña Isabelita,  la unidad familiar y el que sus hijos y nietos se lleven bien y sean moderados en su comportamiento es la recomendación principal, esto y la fe en Dios son para ella las claves fundamentales de su longevidad.

Pese a sus limitaciones visuales nunca ha dejado de pintarse los labios por sí misma y no sale a la calle, a su iglesia y dar un pésame sin sus labios primorosamente pintados. Lleva un registro mental de su ropa y a la hora de cambiarse le dice a su hija Soledad, que vive con ella, a sus demás hijas o nietas que le busquen el conjunto tal que está en el armario conforme a la ocasión de que se trate.

Además de Soledad es madre de Rafael Domingo, Enrique, Modesta, Ángela y José Alberto Hernández Castaños, todos personas de trabajo dedicados a sus respectivas profesiones y oficios.

Aún mantiene en su casa una paletera a la que acuden a comprar niños y jóvenes del Colegio San Felipe que le queda frente a su casa, una modesta vivienda de madera pintada de amarillo, marcada con el número 19, de la calle Antera Mota en el centro histórico de la ciudad y a solo una cuadra de la catedral San Felipe a la que acude regularmente.

Su deseo es que Dios le proteja a toda su familia del coronavirus, así como al pueblo dominicano y que esta pandemia pase pronto para poder volver a juntarlos a todos en su casa.

Además del tradicional biscocho de cumpleaños, para esta ocasión pidió un guiso de garbanzos, comida que cada uno se llevó a su casa luego de compartir con ella en el frente del hogar materno la alegría de sus 99 primaveras.

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