La actriz Susan Sarandon habló sobre la eutanasia, el tema de su última película: “Con suficiente dinero, tu doctor se va a asegurar que no sufras”.

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El protocolo del cine impide llamarla solo por su nombre. Como si fuera un título de nobleza, al menos en Hollywood, es indispensable presentarla como la Ganadora del Oscar, Susan Sarandon. Y tiene mucho más sentido en la misma época que se cumplen 40 años desde la primera vez que estuvo nominada y casi 15 años desde que finalmente ganó, ahora que incluso puede llegar a ser nominada… una vez más.

– La película ‘Blackbird’ fue estrenada en el mismo Festival de Toronto donde suelen estrenar las ganadoras del Oscar, con un tema tan dramático como la eutanasia que suele figurar entre las nominaciones ¿Pensó en la idea de ganar, otra vez?

– Bueno, Ciertamente me encanta la idea de volver a ser nominada o que reconozcan mi película, pero en alguna parte de mi cerebro también me doy cuenta que las cosas son como son. Hay que entender que mucha gente merece ser reconocida y no lo es. Y sí, significaría mucho. Pero también lo tomo con un grano de sal porque sé que todo depende de lo que haya hecho Meryl Streep. (Riendo) Ella o Cate Blanchette son las más grandes. Y hay tantas pero tantas actrices talentosas hoy, con tan buenos roles… Creo que todas también estamos en este club donde nos respetamos entre nosotras, alentándonos también, apoyándonos aunque seamos nominadas o no.

– Hace más de diez años ya había pasado por cinco nominaciones para finalmente ser premiada como Mejor Actriz por ‘Dead Man Walking’ ¿Qué significa todavía hoy, ser señalada como ‘La Ganadora del Oscar, Susan Saradon’ antes de cualquier presentación?

– Soy feliz de formar parte del selecto grupo de gente que ha sido reconocido por nuestros colegas. En ese sentido significa mucho. Pero también se que hay muchas interpretaciones en pequeñas producciones de cine que nadie ve… A lo mejor se ven en otro formato, pero no cuentan con un presupuesto para distribuir las proyecciones a todos los miembros de la Academia que puedan generar una opinión importante. Quiero decir que hoy se necesita trabajar demasiado para conseguir que tu película compita con aquellos que saben presionar tanto dentro de este mundo. Es una realidad. Parte de mi cerebro, por supuesto, reconoce que me encantaría. En aquel entonces, yo también fui nominada demasiadas veces en un corto período de tiempo… Me acuerdo que (la noche que estaba nominada por ‘Dead Man Walking) Larry Fishburne estaba sentado atrás mío y me dijo “Si no te lo dan esta vez, quemamos todo”. Y cuando me lo entregaron pensé “Ah, están contentos porque finalmente se deshicieron de mí”. Pero yo estaba muy feliz.

– ¿La entrega del Oscar cambió tanto, de verdad, desde aquella vez que ganó con ‘Dead Man Walking’, en 1996?

– Honestamente, el cine se convirtió en una corporación. No es fácil ganar un Oscar. Bueno, yo estuve nominada cinco veces y solo gané una vez. En aquel entonces no se necesitaba gastar un solo centavo. El estudio ni siquiera sabía cómo fue que me nominaron la primera vez y cuando yo pregunté “¿Por qué película me nominaron?”, me dijeron “Ni siquiera sabemos lo que pasó”. Hoy jamás hubiese pasado algo así. Se necesita demasiado dinero, campañas que empiezan seis meses antes para conseguir una simple nominación. Las cosas realmente cambiaron.

– ¿Y cambió en algo su vida… el Oscar?

– No, excepto que ya no dicen “Suan Sarandon, Cuatro Veces Perdedora del Oscar” (Risas).

Es cierto. Al momento en que Susan Sarandon había sido nominada al Oscar por quinta vez, estaba a punto de convertirse en la actriz que más veces había sido nominada… sin haber ganado. Ni siquiera con el clásico de Thelma & Louise lo había conseguido después de perder en aquella primera nominación de 1980, con la historia de corrupción, drogas y peligro de la mafia de Atlantic City. Ni hablar de la tercera vez que estuvo nominada con el drama de una madre desesperada por curar con aceite a su hijo, en Un Milagro para Lorenzo. La cuarta, había perdido con el suspenso del rol de la abogada que apasionadamente defendía El Cliente que se negaba a ser el testigo de un crimen. Y fue en el año 1996, cuando finalmente recibió el Oscar como Mejor Actriz por Dead Man Walking (dirigida por su pareja de aquel entonces, Tim Robbins), sobre la historia de una monja que simpatizaba al mismo nivel con los familiares de una víctima y el asesino (Sean Penn) que además había sido condenado a la pena de muerte.

Esta vez, la muerte vuelve a ser el tema principal de una nueva película, aunque ella es quien elige la pena. No, no queremos arruinar nada. Tampoco es un spoiler. Pero hasta el título de Blackbird, como la canción de los Beatles, adelanta que la protagonista va a morir. La historia en este caso, pasa por programar la muerte como una forma de evitar el sufrimiento de una seria enfermedad, celebrando un último fin de semana en familia, donde Sam Neill es el adorado esposo y otra ganadora al Oscar como Kate Winslet cumple el rol de la más responsable hija mayor. Pero claro, Susan Sarandon es la gran protagonista.

– ¿Es de las que prefiere el estilo de historias que deja pensando a la gente, con temas que puedan seguir debatiendose fuera del cine?

– Yo siempre sentí que hasta El Profesor Chiflado era una de las películas más políticas porque te identificabas con el héroe del protagonista y querías que la chica terminara con el más gordo. Todas las películas dicen algo. Solo hablamos de las que desafían el ‘statu quo’, pero toda película te llega… ahora, cuando genera cierta conversación, pienso que realmente tuvo éxito.

– ¿Al momento de aceptar un nuevo rol, toma también en cuenta los actores con quién va a trabajar antes de considerar la historia? ¿Ayuda tener al lado gente como Kate Winslet y Sam Neill?

– Yo siempre pregunto quien está involucrado. Esta vez, ya todos habían aceptado con Blackbird. Solo tuve que votar. Sabía que el elenco era buena gente y también había trabajado con varios, como Kate (Winslet) y mi esposo de la ficción Sam Neill. Sabía que podía ser algo divertido.

– ¿Alejarse de la familia para trabajar no lo toma tan en cuenta?

– Ahora que mis hijos crecieron, ya no marcan ninguna diferencia. Antes solía preocuparme por filmar fuera de los horarios de escuela. Pero hoy, me tiene que emocionar el guión, aunque tampoco me importa si mi parte es muy grande. Solo me preocupa que las escenas sean importantes. Y me refiero a las escenas, que tengan que ver con el resultado final. También quiero divertirme. A veces, el lugar donde se filma puede ser fabuloso, como pasó esta vez. Los tomo como aventuras donde mis hijos también se quejan por tener que hacer las valijas y muchas veces tuve que arrastrarlos conmigo, durante sus vacaciones de verano. Pero ahora que mis hijos cortan su propia carne, ya no tengo que tomarlos tan en cuenta a menos que haya escenas de sexo o desnudos.

– ¿Qué tan difícil fue preparar un rol donde sabía que iba a morir en el cine? ¿Aunque fuera pura ficción, pudo evitar pensar en la verdadera muerte?

– Las primeras dos semanas fue una verdadera tortura incluso imaginar todo eso. Pero cuando llegamos a cierta edad, también se siente que todo lo que te ofrecen son historias donde estás muriendo o ayudas a alguien a morir. Así que lo pensé varias veces y también aprecio tener que pensarlo porque creo que todos deberíamos vivir cada día como si fuera el último día. Y me parece un buen regalo cuando alguien te da algo así, donde realmente hay que pensar en estas cosas. Pero también creo que hay algo que te ata los pies sobre la tierra y es muy difícil dejar este mundo al momento de pensar en nuestros hijos.

– ¿Y cómo analizó entonces la idea de suicidarse en la película ‘Blackbird’?

– Me pareció interesante pensar lo que significa la vida y la posibilidad de marcar el límite, cuando te importa y cuando te deja de importar la calidad de vida. Cuando filmé The Hunger (sobre un inmortal vampiro) me acuerdo que me cuestioné si me gustaría vivir para siempre y los límites que definen lo que debería ser tu vida. Son cosas que surgen en el análisis. Y por supuesto la familia y como ves a tus hijos, que no siempre son lo que piensas que son. La historia tiene muchas revelaciones. Por eso acepté.

– ¿Cómo fue el estilo de vida detrás de cámara?

– Filmamos en este lugar extraordinariamente hermoso en los campos de Inglaterra, donde nunca antes yo había trabajado. Eso fue muy especial. Maravilloso. Hasta mi perro se puso triste cuando nos tuvimos que volver. Estábamos todos tristes porque todos los actores vivimos como vecinos. Algunos de nosotros vivíamos atrás de una pizzeria, conociéndonos más entre nosotros, viviendo entre pubs y la catedral del lugar.

– ¿Qué tan importante es crear una familia del otro lado de las cámaras, tal cual como la ficción? ¿Hasta qué nivel se traduce algo así en la pantalla?

– No creo que tampoco nos preocupemos tanto en como se traduce en la pantalla (Risas). Supongo que una de las razones por las que lo hacemos es porque siempre expone lo mejor y lo peor de la gente en este negocio. A lo mejor en el circo se consigue algo similar, pero es donde también dependes bastante de todos los demás, delante y detrás de cámara. Eso siempre te hace enamorarte de la gente.

Aunque desde el principio se sepa que Susana Sarandon está programando su muerte, en la película Blackbird, contarlo no es arruinar ningún final porque también está la duda si realmente lo hará a la hora de tener que tomar semejante decisión de suicidarse. Lo que si no se sabe es la cantidad de secretos familiares que se van exponiendo a lo largo de la historia. Y por ahí pasan las grandes sorpresas (además de la impecable actuación de Kate Winslet y Susan Sarandon), más allá del debate de permitir que uno de nuestros familiares se suicide… o no.

– ¿Qué opinión tenía sobre la eutanasia antes de empezar con el rodaje de ‘Blackbird’? ¿Cambió su forma de pensar al momento de desarrollar su personaje?

– Para empezar, en este momento, es legal en nueve estados de Estados Unidos. Con Al Pacino yo también había hecho algo sobre (Jack) Kevorkian y en ese entonces habíamos investigado el tema de la eutanasia, vi las verdaderas grabaciones, porque en aquel entonces era todo ilegal y había que grabar un video antes de presionar el botón de una máquina que te permitiera hacerlo. Yo creo que todos tenemos el derecho de tomar esa decisión, sin que los miembros de la familia ni nadie sea acusado de homicidio. Deberías poder rodearte de esa gente. Creo que es una elección individual y debería ser legal y controlado. Pero la verdad es que aquellos que tienen suficiente dinero, como pasa con el aborto, siempre van a tener acceso a ciertos temas tan controversiales.

– ¿Quiere decir que la eutanasia siempre fue “legal” entre millonarios?

– Con suficiente dinero, tu doctor se va a asegurar que no sufras, con más morfina o lo que sea. No es nada nuevo. Por eso, darle un acceso real a la gente debería ser primordial.

– ¿Qué haría usted?

– Es algo que se necesita analizar muy bien. La profesión médica está muy atrasada. Los hospicios hace muy poco tiempo que resultan buenos. Y no solo pasa por terminar tu vida, sino por poder terminar dignamente y sin dolor. Todos los que tuvimos en algún momento algún familiar que realmente sufrió están muy interesados en poder tener esa elección.

-¿Pero si fuera usted, en la realidad, tendría el coraje de apretar un botón y suicidarse?

– Personalmente jamás hubiera podido dejar a mi familia en un momento como muestra la película. Definitivamente lo hubiera cancelado porque hay demasiados problemas por resolver. Yo no hubiera podido hacerlo. Pero también entiendo cualquiera que lo hubiese hecho. Yo, personalmente no lo haría ni en un millón de años. Aún sabiendo el futuro que le espera a ella, en cierto punto, me hubiera sido muy difícil dejar atrás a mis hijos. Es un tema que da para hablar. A veces nos damos cuenta de nuestros limites, con solo ver algo en el cine. Podemos hablar de lo que haríamos o no haríamos. Por eso pienso que todas las películas pueden generar una buena discusión. Por ahí pasa el éxito. Fuente Infobae

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